sábado, 17 de septiembre de 2016



LA VUELTA
Al cabo de los años del destierro
volví a la casa de mi infancia
y todavía me es ajeno su ámbito.
mis manos han tocado los árboles
como quien acaricia a alguien que duerme
y he repetido antiguos caminos
como si recobrara un verso olvidado
y vi al desparramarse la tarde
la frágil luna nueva
que se arrimó al amparo sombrío
de la palmera de hojas altas,
como a su nido el pájaro.
¡Qué caterva de cielos
abarcará entre sus paredes el patio,
cuánto heroico poniente
militará en la hondura de la calle
y cuánta quebradiza luna nueva
infundirá al jardín su ternura,
antes que vuelva a reconocerme la casa
y de nuevo sea un hábito!

Jorge Luis BOrges
en Fervor de Buenos Aires
(1923)

viernes, 16 de septiembre de 2016

VARELA x2 (bis)

Hoy

Vos sabés,hay tanta abundancia 
disponible ahí afuera para nosotros, 
tanta oportunidad lamiendo 
nuestras manos.  
Pero los tiempos, igual,son difíciles: 
el aburrimiento ahora se hospeda 
en todas las esquinas, 
y en casi todos los bares, 
y ni siquiera embriagado es capaz 
 de escupir una idea interesante. 
 Hay tanto hastío,
 tanta infección en los discursos 
 y en las decisiones, 
tanto estornudo ensordeciendo 
las pasiones puras, 
las horas sutilmente sensibles, 
los gestos auténticos… 
 Por eso, vamos, 
caminemos por la orilla 
de esta ciudad corrupta y desangrada, 
avancemos entre el aullido de las sirenas 
sin impacientarnos. 
 Los carteles luminosos dicen 
 que no se pueden esperar milagros: 
los perros se suicidan 
 tirándose como sonámbulos del puente 
 y los semáforos y los periodistas 
 intentan detenernos 
 compulsivamente 
 con las mismas advertencias inútiles.
 La vida es una fugitiva,
 amor, ya sabés, 
 no podemos esperar ingenuamente 
 que ella venga a buscarnos 
 o que la encontremos por casualidad 
 en nuestra plaza favorita, 
 tenemos que salir hoy mismo, juntos, 
 a perseguirla.


Afuera-Adentro

 Es cierto,
la calle está poblada de insectos
y, por supuesto,
el ruido del agua que corre
por el cordón de la vereda,
no te amenaza.

Un perro te sigue,
como si tuviera realmente
algo que decirte.
No va a ningún sitio en particular,
es liviano.

En cualquier parte hay una esquina,
un hombre frágil
o un farol con los vidrios rotos.
Su luz mortecina evidencia
que hay algo más en el fondo de las cosas.

Por eso deberías detenerte, reír,
suponer que nada sucede a tu alrededor
de una sola manera,
que necesariamente
lo inesperado te espera.
Sólo deberías ocuparte
de dejar una huella, una sola al menos,
una silueta imperfecta pero real,
un indicio incuestionable
de que lo intentaste todo.

Paula Varela
En El animal que agoniza ahí afuera
(Ed. Continente, 2013)