Hoy
Vos sabés,hay tanta abundancia
disponible ahí afuera para nosotros,
tanta oportunidad lamiendo
nuestras manos.
Pero los tiempos, igual,son difíciles:
el aburrimiento ahora se hospeda
en todas las esquinas,
y en casi todos los bares,
y ni siquiera embriagado es capaz
de escupir una idea interesante.
Hay tanto hastío,
tanta infección en los discursos
y en las decisiones,
tanto estornudo ensordeciendo
las pasiones puras,
las horas sutilmente sensibles,
los gestos auténticos…
Por eso, vamos,
caminemos por la orilla
de esta ciudad corrupta y desangrada,
avancemos entre el aullido de las sirenas
sin impacientarnos.
Los carteles luminosos dicen
que no se pueden esperar milagros:
los perros se suicidan
tirándose como sonámbulos del puente
y los semáforos y los periodistas
intentan detenernos
compulsivamente
con las mismas advertencias inútiles.
La vida es una fugitiva,
amor, ya sabés,
no podemos esperar ingenuamente
que ella venga a buscarnos
o que la encontremos por casualidad
en nuestra plaza favorita,
tenemos que salir hoy mismo, juntos,
a perseguirla.
Afuera-Adentro
Es cierto,
la calle está poblada de insectos
y, por supuesto,
el ruido del agua que corre
por el cordón de la vereda,
no te amenaza.
Un perro te sigue,
como si tuviera realmente
algo que decirte.
No va a ningún sitio en particular,
es liviano.
En cualquier parte hay una esquina,
un hombre frágil
o un farol con los vidrios rotos.
Su luz mortecina evidencia
que hay algo más en el fondo de las cosas.
Por eso deberías detenerte, reír,
suponer que nada sucede a tu alrededor
de una sola manera,
que necesariamente
lo inesperado te espera.
Sólo deberías ocuparte
de dejar una huella, una sola al menos,
una silueta imperfecta pero real,
un indicio incuestionable
de que lo intentaste todo.
la calle está poblada de insectos
y, por supuesto,
el ruido del agua que corre
por el cordón de la vereda,
no te amenaza.
Un perro te sigue,
como si tuviera realmente
algo que decirte.
No va a ningún sitio en particular,
es liviano.
En cualquier parte hay una esquina,
un hombre frágil
o un farol con los vidrios rotos.
Su luz mortecina evidencia
que hay algo más en el fondo de las cosas.
Por eso deberías detenerte, reír,
suponer que nada sucede a tu alrededor
de una sola manera,
que necesariamente
lo inesperado te espera.
Sólo deberías ocuparte
de dejar una huella, una sola al menos,
una silueta imperfecta pero real,
un indicio incuestionable
de que lo intentaste todo.
Paula Varela
En El animal que agoniza ahí afuera
(Ed. Continente, 2013)
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